Prácticas pedagógicas: Estudiantes de cuarto año de Educación Parvularia cuentan su experiencia

Camila Contreras, Ana Karina Sandoval, Carmen Luz Diéguez y Chantal Catrileo recuerdan cómo se desenvolvieron en sus distintos centros de práctica.

Las estudiantes Camila Contreras, Carmen Luz Diéguez, Ana Karina Sandoval y Chantal Catrileo.

A medida que las futuras educadoras avanzan años en la carrera, van ganando un rol más protagónico en sus prácticas pedagógicas. En su último año se hacen cargo de un curso para ganar nuevas experiencias y las estudiantes de cuarto año de Pedagogía en Educación Parvularia -de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales- Camila Contreras, Ana Karina Sandoval, Carmen Luz Diéguez y Chantal Catrileo, cuentan cómo se han desenvuelto en sus respectivos colegios o escuelas.

Durante 2015, Ana Karina y Camila compartieron centro de práctica y estuvieron en el Colegio Pedro de Valdivia, en Quilín, con un pre-kínder y un kínder respectivamente. Para ellas, fue una buena experiencia, ya que fue su primera aproximación a tener un curso “propio”.

“Es un año entero con tus niños, desarrollas lazos que en otras prácticas no desarrollaste. Aparte, es tu primer acercamiento real hacia las experiencias de aprendizaje planificadas por ti y tener una semana completa aplicando experiencias. Eso te permite conocer a los niños y ver cómo trabajan, además ver cómo tú te ves enfrentada a trabajar con ellos”, recuerda Ana Karina.

Por su parte, Chantal realizó la práctica en el Colegio Latino Cordillera de La Florida y destaca que “la experiencia fue súper buena en todo sentido, porque la educadora que me tocó en el centro era genial. Ella tenía mucho conocimiento de cómo tratar a los niños, cómo realizar experiencias de aprendizaje que de verdad fueran de aprendizaje y que los niños fueran sujetos activos dentro de este”.

“Uno espera aprender en las prácticas y, por lo general, uno aprende lo que no tiene que hacer. Pero en mi caso, el año pasado fue una buena práctica porque aprendí cosas prácticas y buenas de la educadora”, asegura.

Mientras que Carmen Luz tuvo su experiencia en el Colegio Cardenal Carlos Oviedo Cavada de Maipú -de la Fundación Belén Educa-, donde “tuve una muy buena experiencia en cuanto a relaciones, el colegio era muy acogedor. Tuve dos educadoras, una el primer semestre y otra el segundo, y eran muy diferentes. La primera tenía muchos años de experiencia y uno aprendía lo que no tiene que hacer”.

“En cambio, la segunda acababa de salir de la universidad, así que tenía todos los conocimientos frescos y hacía todo lo que nos enseñan en la Facultad, era muy cercano a lo que yo sabía. Tuve una buena relación y me encariñé mucho con los niños, quizás porque estuvimos una semana completa con ellos. El no solo observar, sino que involucrarte más hace que crees lazos diferentes”, complementa.

Para el primer semestre de 2016, Ana Karina y Camila volvieron a coincidir en centro de práctica y tienen una nueva experiencia, ahora en educación municipal, en el Liceo República de Brasil, también en un pre-kínder y un kínder respectivamente.

“Es muy positivo que tengamos prácticas en distintos colegios de distinto nivel socioeconómico. Nosotros igual sabemos, comparando prácticas, que estamos muy bien formadas en cuanto a conocimiento disciplinar y varias cosas”, explica Ana Karina.

Por su parte, Chantal, que hoy se encuentra en la Escuela Básica Carlos Prats González, agrega que “como educadora, una tiene que tener la visión de que todos los contextos son distintos y debido a estos, uno se tiene que adaptar a la enseñanza o la experiencia de aprendizaje que va a abordar”.

Otro aspecto fundamental es pasar por distintos niveles durante las prácticas. Y en el caso de Educación Parvularia, hay tres opciones: sala cuna, niveles medios y transición. De ellos, cada estudiante escoge dónde realizar la práctica profesional en el último año de carrera.

“Los contenidos que tienes que abarcar y la forma en la que tienes que hacer las cosas es totalmente diferente en cada nivel, y tener la experiencia en cada uno, y más con la experiencia que te puede brindar la universidad, con las que puedes hacer preguntas y traer tus inquietudes de la práctica y que te puedan responder, aplicarlo y comprobarlo por ti misma es una experiencia fundamental”, sostiene Carmen Luz, quien está haciendo su práctica en la Escuela Básica Juan Pablo Duarte.

“Cuando uno sale de la universidad y se enfrenta a la vida laboral, no se van a generar esas instancias en las que puedes recurrir a otras personas para saber qué tienes que hacer, entonces hay que aprovechar de pasar por los tres niveles para ganar más confianza y las herramientas necesarias para después trabajar con los niños. La idea es entregarle todo lo que necesiten”, complementa Camila.

Finalmente, las estudiantes se refirieron al rol que cumple la educadora de párvulos dentro del aula, dándole mucha importancia al trabajo de hacer que los niños y niñas sean actores críticos del lugar donde viven. Para Camila, lograr esos objetivos cuesta mucho, ya que “todavía se infantiliza demasiado la imagen de los niños. Se piensa que no tienen opinión y que por eso tienen que ir a jugar al colegio”.

“Más allá de ver que el aprendizaje y la oportunidad de este son la puerta para la igualdad, siento que el rol de la educadora es un modelo para los niños. Entonces hay que entregarles las oportunidades para que ellos participen y hacerles ver que aunque una sea una adulta entre tantos niños, son iguales y que tiene las mismas oportunidades de opinar”, comenta.

En tanto, Chantal asegura que como educadoras, tienen que tener claro que los niños y niñas no son una tabula rasa, por lo que su trabajo es complementar sus conocimientos. “No es que no tengan saberes, es que tienen saberes desde muy pequeños y eso hay que trabajarlo. Es genial preguntarle a los niños una cosa y que ellos siempre tengan una respuesta tan mágica, de alguna forma, que te abre mil puertas, mil opciones para trabajar la respuesta que te da”, afirma.