Académicos UDP analizan qué dice PISA 2025 sobre los hogares y la educación en Chile

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Un informe realizado por los investigadores José Joaquín Brunner y Gonzalo Muñoz sostiene que los resultados de PISA 2025 deben leerse más allá de las pantallas y la escuela: el país enfrenta una doble deuda, con las condiciones en que niños y niñas llegan a la escuela y con la capacidad del sistema educativo para compensar esas desigualdades.

01 / 10 / 2026

Un informe de los académicos UDP José Joaquín Brunner y Gonzalo Muñoz plantea que los resultados de PISA 2025 deben analizarse más allá de las cifras y de los efectos de la pandemia. El documento, titulado “Lo que PISA 2025 dice sobre el hogar y el sistema educativo en Chile” identifica “dos deudas” de la educación chilena: las condiciones en que niños y niñas llegan a la escuela y la capacidad del sistema educativo para responder y compensar esas desigualdades.

Cabe recordar que en la última versión de PISA Chile obtuvo 442 puntos en Ciencias, 436 en Lectura y 403 en Matemática, ubicándose por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas. Respecto de 2022, Ciencias se mantuvo estable, mientras Lectura cayó 12 puntos y Matemática 9.

Para los autores, estos resultados no pueden explicarse únicamente por la pandemia, los recursos o el uso de pantallas y tecnologías. El análisis muestra que Chile presenta una brecha socioeconómica comparable a la de la OCDE, pero con un nivel general de desempeño más bajo y una proporción particularmente reducida de estudiantes en los niveles superiores.

El primer componente de esta “doble deuda” se encuentra en los hogares y en las condiciones de vida previas a la entrada a la escuela. El documento recoge datos de Casen 2024, según los cuales la pobreza multidimensional alcanza al 22,5% de los niños, niñas y adolescentes. A esto se suman factores como las condiciones laborales de los adultos, problemas de vivienda, inseguridad, alimentación y responsabilidades de cuidado, elementos que pueden incidir en las oportunidades de aprendizaje.

El informe también destaca la importancia de los primeros años de vida. A partir de evidencia longitudinal internacional, señala que una parte importante de las brechas de lenguaje ya está presente antes del inicio de la educación formal. Por ello, plantea que el desafío para Chile no se limita a ampliar la cobertura de educación parvularia, sino que requiere poner mayor atención en el período de 0 a 2 años, la calidad de los procesos educativos y las condiciones que permiten a las familias ejercer adecuadamente las tareas de cuidado.

La segunda deuda corresponde al propio sistema educativo. Aunque los estudiantes chilenos reportan niveles importantes de apoyo y cercanía de sus profesores, el documento identifica (también en base a los datos de PISA) problemas en las condiciones de aula, como ruido, desorden, distracción digital, aumento del bullying y atrasos en el ingreso a clases. A esto se suman desafíos relacionados con la formación y desarrollo profesional docente, el liderazgo escolar y las capacidades institucionales para acompañar los procesos de mejora.

En este ámbito, los académicos de la Universidad Diego Portales destacan la necesidad de fortalecer la capacidad del sistema en sus distintos niveles. El Policy Paper aborda el desarrollo de la Nueva Educación Pública, la situación del sector particular subvencionado y la falta de una estrategia propia para la educación secundaria, que desde su obligatoriedad ha sido abordada principalmente como una etapa de transición hacia la educación superior.

¿Cómo avanzar en educación?

El documento propone diez líneas de acción, entre ellas aumentar la inversión en la primera infancia, avanzar hacia una oferta universal y de calidad de educación para los primeros años, fortalecer las políticas docentes, consolidar la Nueva Educación Pública, profesionalizar el sector particular subvencionado y desarrollar una estrategia específica para la educación secundaria. También plantea fortalecer las condiciones sociales de las familias y abordar el uso de tecnologías e inteligencia artificial desde una perspectiva pedagógica.

Respecto de la tecnología, los autores advierten que los datos de PISA no permiten establecer que las pantallas o la inteligencia artificial sean, por sí solas, responsables de la caída de los resultados. El informe plantea que se trata de un fenómeno más amplio y propone diferenciar entre usos tecnológicos orientados al aprendizaje y aquellos que simplemente resuelven las tareas de los estudiantes.

“La mejora educativa requiere abordar simultáneamente las condiciones de origen de los estudiantes y la capacidad de las escuelas y del sistema para responder a ellas. En ese sentido, la transformación tecnológica no reemplaza esta agenda, sino que vuelve aún más relevante el fortalecimiento de las capacidades educativas”, concluyen los autores.